No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Procrastinar es retrasar lo que tenemos que hacer para dedicarnos a cuestiones secundarias, irrelevantes o simplemente a pasar el rato. De esta forma, no alcanzamos nuestros objetivos, nos desviamos y dejamos de lado las que eran nuestras prioridades al comenzar la jornada. Los procrastinadores suelen enfrentarse a situaciones de mucho estrés, su rendimiento es más reducido porque reducen su tiempo de trabajo efectivo y porque su tiempo de trabajo suele ser menos productivo. Por otro lado, dejar todo para el último momento reduce mucho el margen de error. Cuando se equivocan, ya no queda tiempo para solucionar el problema.  

Existen muchas justificaciones sobre la procrastinación:

  1. “Soy más creativo bajo presión y así me va bien”.
  2. “Soy más eficiente en el último minuto y así me va bien”.
  3. “Soy muy perfeccionista, por eso tardo en acabar, y así me va bien”. Los auténticos perfeccionistas, esmerados, ordenados y eficientes, no tienden a desviarse de sus objetivos ni a distraerse así como así.

Hay tres claves esenciales para combatir la procrastinación:

  1. Saber que uno procrastina, reconocerlo.
  2. Tener un modelo eficaz de asignación de prioridades a las tareas.
  3. Aumentar nuestra motivación, ya que a más motivación, menos riesgo de procrastinación.

Saltos de tarea en tarea en la vida de los procrastinadores
¿Cuáles son las situaciones críticas en las que todos podemos vernos enfrentados a situaciones de alto riesgo de procrastinación que conllevan?

  1. Las tareas que no disfrutamos.
  2. Las tareas para las que no tenemos habilidad.
  3. Las tareas que no compensan por su gran dificultad.
  4. Las tareas que no compensan por el escaso reconocimiento previsible.
  5. Las tareas no previstas en nuestras agendas o planes.
  6. Las tareas que no comprendemos bien.
  7. Las tareas referidas a situaciones confusas y mal definidas.

Identificar bien que nos encontramos ante una de estas tareas envenenadas también nos puede ayudar a estar atentos y superar el riesgo de procrastinación.

¿Qué podemos hacer en el día a día para controlar  la procrastinación?

  1. Suprimir las tentaciones electrónicas. El sonido de las llamadas telefónicas, los mensajes, el correo, las redes, etc.
  2. Establecer metas. Las metas deben ser específicas, secuenciadas y realistas.
  3. Tomar decisiones y comunicarlas.
  4. Apoyarse en rutinas positivas para automatizar el trabajo y alejar tentaciones.
  5. Romper la barrera del minuto -1. La verdadera barrera que hay que romper es el minuto anterior a comenzar a trabajar.
  6. Anotar ideas para expulsarlas de la mente. Anotar las ideas ajenas al tema en el que se trabaja evita un gran riesgo de desconcentración.
  7. Buscar la cara agradable de lo desagradable. Manipular mentalmente la tarea y asociarla a algo que nos resulte agradable eleva la motivación. Además, autopremiarse y autohalagarse potencia la autosatisfacción.
  8. Visualizar los logros deseados para vivirlos por anticipado.
  9. Evitar los argumentos autoabsolutorios o autopermisivos. Si decimos “no pasa nada por un día que me retrase, tengo tiempo”; “miro Facebook, pero solo cinco minutos”; “ya empiezo mañana, que es lunes”, no nos miramos en un espejo real ni daremos pasos hacia el cambio correcto.
  10. Combatir el aburrimiento: cambiando la manera de abordar las tareas, marcando pequeños hitos, haciendo descansos..

 

La red de la procrastinación (Eduardo Salles)

 

 * Yo, procrastino

 

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