Escuchar a nuestr@s hij@s

images (28)A menudo nos resulta difícil la comunicación con nuestros hijos, no porque no nos hablen, sino porque no les escuchamos de forma adecuada. A veces, creemos que son capaces de entender grandes razonamientos y nos frustramos cuando parece que no entienden lo que les estamos diciendo y se distraen, cuando nosotros buscamos una respuesta. En otras ocasiones, apenas les dejamos hablar porque “sólo dicen que tonterías” o asentimos, pero no estamos atentos a lo que están diciendo.

Hay una relación directa entre lo que siente el niño y cómo se comporta. Cuanto el niño se siente bien, se suele comportar bien. Una forma de ayudarle a sentirse bien es aceptando sus sentimientos. Para ello, se hace necesario que le enseñemos a expresar sus sentimientos y que le escuchemos cuando lo haga.

Un ejemplo de una conversación en la que no aceptamos sus sentimientos sería este:

– El niño dice: ¡Estoy cansado!
– Madre: ¡No puede ser! ¡Acabas de hacer la siesta!
– El niño: ¡Pues estoy cansado!
– Madre: ¡No estás cansado! ¡Sólo tienes un poco de sueño!

Este tipo de conversaciones suelen ser habituales en nuestros hogares. Sin embargo, la negación de sus sentimientos puede llegar a confundir y enfurecer a los niños. De esta forma, se les enseña a no saber lo que sienten y a no fiarse de sí mismos. Frente a esto, podemos intentar sintonizar con lo que sienten nuestros hijos y nos comunican, una forma, en este caso sería decir: “Así que aún estás cansado, a pesar de que acabas de dormir”.

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Existen algunos consejos que nos pueden servir de ayuda en la difícil tarea de enseñar a nuestros hijos a manejar y expresar sus sentimientos, por ejemplo:

1. En vez de escuchar distraídamente… Escuchar con gran atención.

2. En vez de preguntar y aconsejar… Reconocer los sentimientos con la palabra: Vaya, Ya veo. Es una forma de que el niño explore sus propias ideas y sensaciones.

3. En vez de negar el sentimiento… Dar nombres a los sentimientos. Los padres evitan dar nombre a los sentimientos porque consideran que no harán más que empeorarlo, pero ocurre justamente lo contrario. Cuando escucha las palabras que reflejan lo que siente, el niño se consuela.

4. En vez de explicaciones y lógica… Conceder a los niños sus deseos en la fantasía. Por ejemplo, si el niño ve que no puede tener galletas, no explicarle que no puede porque no hay, sino, inventar una historia en la que aparezcan y darle alternativas.

Cuando intentamos que los niños nos cuenten algún suceso que les ha ocurrido, solemos hacer muchas preguntas: ¿Por qué?, ¿Qué ha pasado?, ¿Cómo ha sido? Estas preguntas, en muchas ocasiones, bloquean al niño, porque o bien no saben la razón o tienen miedo de que los adultos no la entiendan. Es importante, evitar “hacer interrogatorios”, es mejor, dejar que el niño se exprese y mostrarle nuestro interés recogiendo lo que no está transmitiendo, es lo que conocemos como parafrasear.

A veces cuando los niños están frustrados, no sólo nos ayuda el reconocer sus sentimientos. Ellos necesitan expresarlos de otro modo. Por ejemplo, golpear almohadas, dar martillazos, rugir como leones, lanzar dardos o dibujar… Tenemos que enseñarle, distintas estrategias que le permitan expresar su enfado sin herir a nadie.

A la hora de aplicar estos principios, debemos tener ciertas consideraciones en cuenta:

1. A los niños puede irritarles que repitamos sus palabras exactas. Por ello, tal y como hemos mencionado antes, debemos parafrasear, no repetir.

2. No sólo debemos tener en cuenta qué decimos, sino que debemos cuidar cómo lo decimos. Nuestra respuesta debe ser afectuosa y apropiada a los sentimientos del niño. Los niños se enfadan si la respuesta de los padres, es correcta, pero fría.

3. No siempre debemos repetir todo lo que dicen. Por ejemplo, no es conveniente repetir los mensajes negativos o las críticas que se hacen a sí mismos (soy imbécil, feo…).

4. Los consabidos cálmate o basta ya sólo sirven muchas veces para agitar más al niño. Pero unas palabras de reconocimiento, pueden serenar los ánimos más exaltados. Si aceptamos su malestar, le resulta más fácil desecharlo.

Cuando surge un conflicto con nuestros hijos, no tenemos que luchar unos contra otros para ver quién se alzará victorioso y quién derrotado. Debemos invertir nuestra energía en buscar la clase de soluciones que respeten las necesidades de ambos. Debemos descartar la idea de que somos adultos y conocemos siempre la respuesta justa y acertada.

Referencia:

Faber, A. y Mazlish, E. (2002). Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Medici.

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4 thoughts on “Escuchar a nuestr@s hij@s

  1. pilibiarge 26 mayo, 2013 / 16:27

    Hemos de hacer un esfuerzo, nuestros hijos se lo merecen. En ocasiones, tenemos tantas ganas de darles nuestra opinión que, agobiados por la falta de tiempo, hablamos más que escuchamos. Gracias por tu artículo

  2. Carmen Luz de la Puente 29 junio, 2013 / 15:18

    “Escuchar Activamente” a nuestros hijos o alumnos: no interrumpir al inicio de su relato, sin minimizar, no dar consejos, sin hablar de nosotros mismos, sino escucharlos para luego parafrasear lo que nos quieren decir, lo que no significa que estemos de acuerdo con lo que ellos nos dicen, baja considerablemente la carga emocional.
    Asi les ayudamos a que puedan expresar de buena forma sus sentimientos. Se sentirán acogidos, escuchados e interpretados en su pensar y en su sentir, ésto les permetirá evitar la escalada de su enojo y rabia.

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