La preocupación como estilo de vida

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La ansiedad es sana y adaptativa. A pesar de todas las razones por las que no nos gusta y de la sensación de descontrol que nos suele provocar, sin un mínimo de ansiedad nos resultaría muy difícil conseguir objetivos y enfrentarnos a los retos del día a día. Habitualmente,  su duración es corta y no nos puede hacer daño. Sin embargo, cuando nuestro sistema de alerta se activa cuando no toca y en cualquier situación, nuestro termómetro emocional se descontrola y empezamos a vivir en la angustia constante. Muchas personas han adoptado la preocupación como un estilo de vida y consideran que la preocupación es buena frente a una filosofía de vida que fomente el hedonismo o el Carpe Diem. En ocasiones, se llega a juzgar a los personas que no viven preocupadas como irresponsables, inconscientes o temerarias. Esta actitud considera que la preocupación es garantía de estar seguro y preparado para los retos que puedan venir. Lo que realmente nos prepara para afrontar los problemas cotidianos son nuestros recursos personales, no las horas desperdiciadas dando vueltas a una idea.

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La preocupación es positiva, cuando dura sólo el tiempo necesario para encontrar una solución y actuar. Si no hay solución o no está en nuestras manos, preocuparse es una pérdida de tiempo. Si no actuamos y nos quedamos en la preocupación, estamos siendo irresponsables con nosotros mismos. Utilizamos la preocupación como un escudo para no enfrentarnos a la situación.

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Las desventajas de tener una actitud positiva frente a la preocupación son:

– Dedicamos tiempo a sucesos que solo van a ocurrir en nuestra imaginación.

– Aumentamos el tiempo que pasamos ansiosos.

– Nos sentimos estresados todo el tiempo porque es imposible estar preparado para todo lo que la vida trae.

– Nos impide disfrutar del presente.

– Hace que malgastemos un tiempo precioso.

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¿ Qué alternativas tenemos frente a la preocupación?

– Fomenta tus estrategias de resolución de problemas. Por ejemplo, trabaja tus habilidades sociales para salir airoso de conflictos personales…

– Mejora que inteligencia emocional y tu autoconocimiento. Entender cuando nos estamos dejando arrastrar por la preocupación excesiva, puede ser un paso para parar el patrón y comenzar uno nuevo.

– Haz tu propio kit de estrategias para tener el estrés bajo control (dar un paseo, bailar un rato, quedar con los amigos, mejorar la organización de mi agenda…)

– Fomenta el disfrute del presente. Puedes empezar por entrenarte disfrutando de pequeños placeres cotidianos (olores, sabores, sensaciones…) hasta empezar a practicar meditación (desde un minuto  vale).

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– Recuerda: “Más vale ocuparse que preocuparse”. No te bloquees, ponte en la acción. Haz aquello que esté en tu mano para mejorar la situación.

– Corta con la preocupación. Cuando notes que te dejas llevar por ella, para, desconecta, resetea, cambia de chip. Busca pensamientos alternativos, motivadores y que te vuelvan a conectar con el presente.

– Limita el tiempo que dedicas a la preocupación.  Tú decides.

– Comparte tus preocupaciones. El apoyo emocional reduce nuestra percepción negativa de los problemas.

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