Niños tiranos o síndrome del emperador ¿De qué estamos hablando?

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Algunos expertos comparten la teoría de que los niños que maltratan a sus padres, lo que se conoce como “síndrome del emperador”, lo hacen como consecuencia de carencias educativas, pero los factores educativos no explican todos los casos. Estos niños son pequeños tiranos, que desde pequeños insultan a los padres y aprenden a controlarlos con sus exigencias. Cuando crecen, los casos más graves pueden llegar a la agresión física. Estos niños se caracterizan por:

1. Elevada insensibilidad emocional. El elemento esencial del síndrome del emperador es, la ausencia de conciencia: “No hay sentimiento de vinculación moral o emocional, ni con sus padres ni con otras personas o instituciones”. Son niños que tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales.

2. Poca respuesta al castigo (son los que menos responden a las pautas educativas).

3. Focalización elevada en metas egocéntricas.

4. Baja empatía y dificultad para desarrollar sentimientos de culpa.

5. Ausencia de apego a los padres y adultos.

6. Umbral alto para la sensibilidad moral.

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Las estadísticas confirman que los casos de violencia filioparental han aumentado en los últimos años, forzando a las instituciones a crear centros de menores en los que se trabaja específicamente sobre esta problemática. Muchos veces, los padres de estos niños son juzgados por blandos, permisivos y esa misma culpabilidad les lleva a no denunciar la situación y mantener una convivencia insostenible y perjudicial para ambas partes.  Entender este fenómeno, podría ayudar a estas familias a dar el primer paso para la solución. No creo que nadie que no haya pasado por ahí, puede entender el dolor que sufre una familia cuando tiene que denunciar a su propio hijo. En muchos casos, no hay otra salida.

Existen familias en las que el origen de este trastorno no está en los padres, asegura el Dr. Vicente Garrido, psicólogo criminalista y profesor titular de la Universidad de Valencia: “Muchos de estos padres no son permisivos, ni tampoco negligentes, y no provienen de un contexto marginal. Son de clase media y se han ocupado de sus hijos”. Nos gusta pensar que la educación es omnipresente y que los padres son capaces de moldear a su hijo a su antojo. Como vemos, la explicación que nos parece más lógica va en contra de la evidencia científica y del sentido común.

¿Qué produce este síndrome?

Según Garrido, son niños que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales. La genética interacciona con el ambiente, pero en algunos casos su peso se hace sentir más, afirma. Existen determinados elementos del ambiente que pueden influir en agravar este problema:

  • Ausencia de intervención en edades tempranas.
  • Padres poco preparados.
  • Ausencia de ayuda pública.
  • La existencia de una sociedad “tóxica” en la que se premia la violencia y la gratificación inmediata.

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¿Qué podemos hacer para prevenir el síndrome del emperador?

  • Debemos estar atentos a los síntomas precoces, establecer límites muy claros y no dejar nunca de ejercer la autoridad.
  • Dedicar más tiempo a su desarrollo moral y emocional.
  • Fomentar la empatía y la capacidad de realizar actos prosociales.
  • Hablar con ellos sobre las consecuencias de sus acciones en los demás.

 

Nuevas tecnologías, ni ángeles ni demonios

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Las nuevas tecnologías y las redes sociales se han convertido en una extraordinaria herramienta de información y comunicación que ha generado importantes cambios en la forma de relacionarnos. El uso de estas nuevas tecnologías contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas, aunque su implantación en nuestra vida cotidiana no está exenta de polémica. Su adecuada utilización genera importantes beneficios, pero también parece conllevar problemas. Entre estos problemas, el aspecto que mayor alarma social crea, es el potencial adictivo de estas tecnologías, especialmente entre los menores, los que mayor uso hacen de ellas. Todos tenemos en nuestra cabeza imágenes de adolescentes pegados a sus teléfonos móviles que no levantan la vista ni aunque estén manteniendo una conversación.

Este tipo de comportamiento adictivo vinculado a las nuevas tecnologías sigue un patrón similar al de otras conductas adictivas, en las que una actividad en principio inofensiva se convierte en un hábito que el sujeto no puede controlar y que llega a interferir gravemente en su vida. El placer inicial de la realización de esta actividad (por ejemplo, consultar los correos electrónicos o charlas con amigos a través de internet) se convierte en pérdida de control y dependencia, síntomas básicamente similares a los generados por las drogodependencias.

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Los menores son el colectivo más vulnerable frente a los efectos negativos del uso de este tipo de herramientas, y esto es algo que debemos tener en cuenta a la hora de educarles en el uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías. La mejor herramienta que podemos utilizar es la educación en el uso responsable de la tecnología y la prevención.

Aunque existen ciertas características individuales o del entorno que aumentan el riesgo de sufrir estos problemas, el perfil del adicto es muy variado. No existe una definición precisa de la adicción a las nuevas tecnologías, utilizándose diversos criterios para caracterizar dicha adicción como:

  • El número de horas dedicadas a una actividad.
  • Intensidad, frecuencia o cantidad de dinero invertida en ella.
  • Grado de interferencia en las relaciones familiares, sociales y/o laborales de las personas implicadas.

Las nuevas tecnologías (NT) generan conductas similares a las consideradas características en las adicciones establecidas, como, por ejemplo, la relajación producida por el uso, el malestar si no puede utilizarse y mayor dedicación del tiempo necesario. Además, aparecen otros comportamientos relativamente frecuentes exclusivos de este tipo de tecnologías, como la comprobación constante del teléfono móvil.

Los menores, cuando no pueden utilizar las NT se sienten mal (inquietos, nervioso, irritados…). Su utilización, por el contrario, les produce relajación. Es posible que esta inducción de relajación sea similar al efecto que el consumo de sustancias produce en personas adictas o, simplemente, que se usan las NT como conductas de ocio.

Estas conductas asociadas al uso de NT que, dada su similitud con los síntomas de adicciones ya establecidas, parecen indicar que el uso de NT puede generar adicción. Televisión e internet son las NT que facilitan con más frecuencia e intensidad estas conductas en los menores.

Se encuentra una correlación positiva entre el tiempo de uso y la percepción de problemas por parte de los jóvenes. Cuanto más usan los menores las nuevas tecnologías, más consideran que pueden generarles problemas. Sólo alrededor de un tercio de estos consideran que la televisión o internet nunca les causa problemas, la mitad en el caso de videojuegos o móvil. Destaca, pues, la elevada percepción de problemas del uso de NT, quizá facilitada por las consideraciones habituales de los mayores sobre el excesivo tiempo dedicado a ellas o la necesidad de actividades alternativas.

En definitiva, aunque el uso de las nuevas tecnologías puede ser una herramienta importante de trabajo y ocio, debemos tener cuidado a la hora de utilizar estas herramientas. Es importante que enseñemos a nuestros jóvenes cómo usar estas nuevas tecnologías para que el uso no se convierta en abuso. La clave es la prevención.

Bibliografía:

Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (2008, Marzo 31). Menores y nuevas tecnologías-Entrevista al presidente de Protégeles. Infocop Online. Obtenido el 19 de mayo de 2010, de http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1803&cat=39

Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (2008, Octubre 31). Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes-Simposio Internacional. Infocop Online. Obtenido el 19 de mayo de 2010, de http://www.infocoponline.es/view_article.asp?id=2087

Labrador, F.J. y Villadangos, S.M. (2010). Menores y nuevas tecnologías: conductas indicadoras de posible problema de adición. Psicothema, 22(2), 180-188. Obtenido el 19 de mayo de 2010, de http://www.psicothema.com/pdf/3713.pdf

Resolviendo conflictos con soluciones en las que nadie pierde

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Cuando nos encontramos ante un conflicto con nuestros hijos, podemos afrontarlo de diferentes maneras. Según como afrontemos este momento, las consecuencias serán diferentes. Ante un conflicto con nuestros hijos, podemos buscar tres tipos de soluciones:

1) Que ganen los padres y pierdan los hijos para no perder autoridad. Los padres actúan de forma autoritaria, imponiendo las normas y solucionando de forma unilateral los conflictos.

2) Que ganen los hijos y pierdan los padres por miedo al conflicto. Los padres proporcionan satisfacción siempre a sus hijos para evitar tener conflictos con ellos.

3) Que nadie pierda. Se buscan soluciones que respeten las necesidades de ambos. Debemos descartar la idea de que somos adultos y conocemos siempre la respuesta justa y acertada. Implica aceptar y escuchar las opiniones de nuestros hijos y colaborar para encontrar una solución gano-ganas que satisfaga a ambas partes.

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Con el método “nadie pierde” los conflictos se resuelven sin que nadie gane ni pierda. Se utiliza el diálogo y la negociación. Nadie gana, porque la solución debe ser aceptada por las dos partes.

Antes de empezar el proceso, hay que verificar que uno está calmado y comprobar el talante de tu hijo: ¿Crees que es un buen momento para que hablemos? Posteriormente, debemos seguir los siguientes pasos:

1. Identificación y definición del conflicto.

  • Hablar de los sentimientos y las necesidades del niño. Imagino que estarás pensando… Me gustaría saber qué es lo que opinas de todo esto.
  • Hablar de nuestros sentimientos y necesidades. Desde mi punto de vista…

2. Generación de alternativas posibles de solución.

  • Dejar que el niño aporte las primeras ideas.
  • Cualquier propuesta deberá será acogida. “Apuntaremos todas nuestras ideas sin evaluarlas”.

3. Evaluación de las alternativas. Decidir qué sugerencias nos gustan, qué sugerencias son desechables, y cuáles pensamos seguir en el futuro.

  • Evitar declaraciones absolutistas: Eso es una tontería….
  • Describir reacciones personales: No me sentiría cómodo en esa situación.

4. Decidir qué solución es la mejor. Decidir qué ideas les gustan, qué ideas son inviables y cuáles quieren poner en vigor.

5. Creación de las formas de cumplimiento de la solución. Pasar a la acción:

  • ¿Qué pasos debemos dar para poner este plan en ejecución?
  • ¿Quién se encargará de…?
  • ¿Cuándo lo pondremos en marcha?

Ventajas:

A. El niño está motivado para encontrar la solución y siente que se valora su opinión.

B. Se basa en el diálogo y no en la imposición. Conlleva menos oposición.

C. Existen más posibilidades de encontrar soluciones adecuadas.

D. Desarrollo la capacidad de pensamiento de los niños.

El acuerdo se puede realizar por escrito y poner en un lugar visible si es necesario. También es importante en algunos casos, establecer las consecuencias si alguna de las partes rompe el “pacto”.

Referencia bibliográfica:

Faber, A. y Mazlish, E. (2002). Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Medici.

Dime las cosas buenas, las repetiré

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Es importante no pasar por alto, todas las cosas que nuestros hijos hacen bien. Con frecuencia, los padres se centran en lo que los niños hacen mal y olvidan lo que hacen bien. Por ejemplo, habitualmente los niños no reciben elogios por jugar tranquilamente en su habitación,por hacer los deberes, … Sin embargo, cuando discuten, enseguida están los padres para regañarles.

Si ellos pudieran hacer una petición, probablemente, pediría que les digamos las cosas buenas. De esta forma, ellos aprenden y se sienten reforzados positivamente, por lo que probablemente, repetirán este comportamiento más a menudo.

Cuando prestamos más atención a las conductas negativas que a las positivas, conseguimos que el niño sepa que es objeto de atención solo cuando realiza las conductas inadecuadas y, por ello, las repite siempre que puede. Si nos concentramos en hechos positivos, conseguiremos una mejor conducta como respuesta. Si queremos que se repita una conducta, es importante que la reforcemos positivamente, puede ser un pequeño premio, una palabra, un abrazo, una sonrisa….etc.

Para frenar este comportamiento, suele tener utilidad el ignorar la conducta negativa encaminada a llamar la atención y estimular conductas incompatibles con la misma, por ejemplo, prestando atención a las conductas adecuadas que normalmente pasan desapercibidas.

Es importante utilizar mensajes positivos y felicitar al niño inmediatamente después de que haya hecho algo bueno. Algunos consejos serían:

  • Sustituir el verbo ser por estar: No “eres desordenado” sino que, “la habitación está desordenada”. De esta forma, el niño comprende que su conducta es incorrecta y evitamos atacar su autoestima.
  • Ofrecer oportunidades de éxito. Ofrecer la oportunidad de asumir responsabilidades en el hogar, mediante actividades que le hagan sentir útil e importante.
  • Establecer una condición positiva. El niño debe hacer lo que no le gusta como condición para conseguir algo que le gusta. Por ejemplo, “si quieres jugar con el ordenador, tendrás primero que hacer los deberes”. Esta frase debe ser de carácter afirmativo. En vez de: “Si no haces los deberes, no jugarás con el ordenador”.
  • Utilizar un registro de la buena conducta. Los registros de conducta son una forma efectiva de prestar atención a conductas deseables y/o incompatibles con la conducta problema, siendo altamente motivador para el niño que se siente observado por la conducta adecuada y no por la negativa.
  • Utilizar el elogio. Dígale lo que hace bien, para que pueda repetirlo. Cuando reforzamos la conducta deseable existe más probabilidad de que se mantenga o incremente.

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¿Cómo elogiar?

  • Debemos elogiar el comportamiento y no la personalidad. A la hora de interactuar con nuestros hijos sería deseable eliminar las etiquetas negativas del tipo “eres un vago”, “no hay quien te aguante”… que deben ser sustituidas por comentarios centrados en la conducta como “recoge los objetos del suelo” en vez de “eres un desastre”. La personalidad es más resistente al cambio que la conducta. Por ello, si nos centramos en cambiar la conducta tenemos más posibilidades de conseguir nuestros objetivos.
  • Usar elogios concretos. El objetivo del elogio es aumentar la conducta deseable. Cuánto más concreto sea el elogio, mejor comprenderá el niño lo que debe de hacer y será más probable que lo repita.
  • Elogiar los adelantos. Hay que empezar elogiando cada paso que se da hacía la conducta deseable. Por ejemplo, si nuestro objetivo es que recoja los juguetes, se empezará elogiándolo por el primer juguete que recoja, aunque el resto estén en el suelo.
  • Elogiar inmediatamente. Los elogios son más eficaces cuando se producen pronto. Así que no debe pasar demasiado tiempo entre la conducta y el elogio.

Bibliografía:

Garber, S. (1989). Portarse bien. Barcelona: Médici.

¿Familia o Familias?

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En nuestros días la diversidad familiar es considerable, hasta el punto de no existir una única forma estándar o prototípica de familia. Las personas tienen mayor capacidad de elección en cuanto a formas de convivencia, al tiempo que también han cambiando las relaciones personales que configuran la familia. Actualmente, la diversidad familiar es la norma y no la excepción.

Podemos afirmar que no existe un único tipo de familia, por lo tanto, no existe una definición que pueda abarcar la diversidad de formas familiares que existen. El modelo de familia europeo ha experimentado una importante transformación en las últimas décadas. Por distintos factores, ha disminuido la proporción de hogares que representa el modelo nuclear clásico y se ha impuesto el modelo de diversidad familiar. Poco a poco, formas familiares alternativas a la familia nuclear son cada vez más frecuentes. Las causas de los cambios en la estructura familiar se deben a las transformaciones económicas, sociales, legales, demográficas y culturales que se han producido en el último siglo. En nuestro trabajo diario debemos tener en cuenta esta gran transformación cultural. Los niñ@s viven en un mundo diferente y debemos de cuidarnos mucho de transmitir estereotipos desfasados en los que no encajan sus familias.

Por mencionar algunos hitos importantes que han modificado el modelo de familia, encontramos:

  • El cambio en los patrones de reproducción. Con la aparición de los anticonceptivos, se ha producido una separación entre sexualidad y reproducción.
  • El descenso de los índices de natalidad que está relacionado con el incremento de familias nucleares sin hijos.
  • El envejecimiento de la población por el incremento en la esperanza de vida, implica un crecimiento de los hogares unipersonales integrados por personas de edad.
  • La transformación en la formación de la familia que actualmente es más tardío.
  • La incorporación de la mujer al mercado laboral.
  • La transformación en la disolución de la familia que ha provocado un aumento de los divorcios.

En la mayor parte de investigaciones transculturales, se ha detectado que la familia tiene dos funciones básicas:

1. Socialización familiar. La familia es el primer agente de socialización. A través de la familia el individuo interioriza las pautas de su entorno sociocultural, se integra y se adapta a la sociedad y forma su personalidad.

2. Red de apoyo social. La familia, habitualmente, protege a sus miembros de las situaciones de riesgo y proporciona apoyo material y emocional.

La definición de familia varía en función de la posición teórica que se adopte. Encontramos tres perspectivas teóricas fundamentales que nos proporcionan visiones complementarias acerca de la familia:

1) Desde el enfoque sistémico, se proporciona una visión de la familia como un sistema. La familia es un sistema orgánico, dinámico y abierto que produce un intercambio continuo de información con el medio exterior. La familia es una red de comunicaciones entrelazadas, en la que todos los miembros influyen en la naturaleza del sistema y se ven afectados al tiempo por el propio sistema.

2) Desde el interaccionismo simbólico, se considera la familia como una unidad de personalidades en interacción. Se resalta su papel en la formación de la identidad, en la transmisión de valores y en el aprendizaje de los roles sociales.

3) Desde el constructivismo social, se considera la familia como una realidad socialmente construida. La familia es un modo de interpretar, representar y organizar el significado de las relaciones interpersonales y/o sociales que puede construirse tanto como producción o como resultado secundario del discurso familiar.

Ofreciendo una visión integradora de la familia, podemos considerarla como un grupo primario en interacción, con relaciones de intimidad, estables y duraderas. Los miembros de la familia, pueden estar unidos por lazos biológicos y/o vínculos afectivos y psicosociales. Es el espacio clave para la configuración del desarrollo afectivo, social y cognitivo, y el lugar donde se establecen las dimensiones de la personalidad (autoconcepto, identidad…). Es el primer agente de socialización. Es fundamental en la naturaleza social del individuo, puesto que influyen en su adaptación sociocultural y en su sistema de valores y creencias.

El cambio en la dinámica familiar ha supuesto un reto para los profesionales que trabajan con familias. Sin embargo, este flexibilidad en los roles puede ser positiva y debe ser aprovechada.

Familias

A nivel social, la familia es un fenómeno social dinámico que ha ido evolucionando histórica y culturalmente, desde un modelo patriarcal a la diversidad de modelos familiares que tenemos en la actualidad. Sin embargo, es una institución tradicional que se mantiene en la sociedad moderna, puesto que la familia es una estructura social que permite a sus miembros la satisfacción de sus necesidades, al tiempo que facilita la supervivencia y el mantenimiento de la sociedad. Así, a pesar de que su estructura y sus funciones han variado a lo largo de la historia, del hecho de que presenta una gran variedad cultural y de la coexistencia de múltiples formas familiares (monoparentales, adoptivas, reconstituidas…), la familia continúa siendo un referente importante.

A la hora de realizar una intervención en la familia, debemos tener en cuenta en qué contexto familiar y personal se encuentra la persona. Por otro lado, debemos ser flexibles a la hora de definir qué consideramos como entorno familiar y no aplicar un modelo rígido y arcaico, que no refleja la realidad actual.

Referencias:

Flaquer, L. (1998). El destino de la familia. Barcelona: Ariel.

Gimeno, A. (1994). La familia: el desafío de la diversidad. Barcelona: Ariel.

Gracia, E. y Musitu, G. (2000). Psicología social de la familia. Barcelona: Paidós.

Millán, M. (1996). Psicología de la familia (un enfoque evolutivo y sistémico). Valencia: Promolibro.

Musitu, G. y Cava, M.J. (2001). La familia y la educación. Madrid: Octaedro.

Ríos, J.A. (1994). Manual de orientación y terapia familiar: (enfoque sistémico teórico – práctico). Madrid: Instituto de Ciencias del Hombre.

* GUÍAS PARA PADRES