Las víctimas invisibles de la violencia de género

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Las víctimas invisibles de la violencia de género son los niñ@s. Detrás de la mayoría de mujeres que sufren con la violencia de género existe uno o más hij@s que se encuentran en un entorno familiar donde predomina el miedo y la violencia. Las consecuencias físicas y psicológicas son tremendas. En este post, vamos  a hacer un pequeño repaso a las consecuencias de vivir en este ambiente para niñ@s según las distintas etapas evolutivas.

  • Embarazo:

–         El estrés afecta los niveles de cortisol que inciden en bajos crecimientos fetales, pobre desarrollo del cerebro y defectos de mielinización.

–         El aborto espontáneo, bajo peso al nacer, muerte del feto durante el parto, nacimiento de un niño con discapacidad, pueden ser atribuibles a la violencia de género traumática.

–         El estrés de la violencia puede llevar a que la madre no tenga suficientes atenciones hacia su bebé como la nutrición adecuada, el descanso y el cuidado médico.

  • Primera infancia:

–         Falta o desorganización en el apego. Los/as menores perciben el miedo y la ansiedad de sus madres.

–         Trastornos de relación con sus iguales.

–         Conductas de retraimiento.

–          Retrasos cognitivos.

–         Irritabilidad

–         Problemas para dormir y comer.

  • Edad preescolar (2-5 años):

–         L@s niñ@s no comprenden lo que ocurre y pueden creer que son ellos la razón del conflicto, se culpan y sienten ansiedad.

–         Sienten miedo,ansiedad, inseguridad, dudas, expectación, actitudes de negación y de regresión, tristeza y aislamiento.

–         Pueden aparecer agresividad y problemas de conducta.

–         Alta nivel de actividad, intentos de llamar la atención y de aferrarse, actos regresivos.

–         Problemas a la hora de interactuar con los iguales o los adultos.

  • Etapa escolar (6-8 años)

–         Puede aparecer un trastorno de estrés postraumático.

–       Crecen y  aumenta su capacidad para comprender; se puede presentar alianza con uno de los progenitores, culpabilización del otro, enojo, hostilidad, etc., lo que sienta las bases de la identificación de roles. Imitan los roles de sus progenitores, mostrando admiración ante el poder y la fuerza del padre violento, y sintiendo preocupación o enfado por la actitud de la madre.

–         Agresividad, problemas de conducta y desobediencia.

–         Problemas de rendimiento escolar.

–         Aislamiento en el entorno escolar y social para mantener en secreto “su problema”. Menos y peor calidad en las relaciones con sus iguales.

  • Pre – adolescencia (10-12 años):

–         Los sentimientos de frustración y desamparo se pueden traducir en violencia o comportamiento antisocial y mala conducta en la escuela, algunos son provocadores y agresivos para adquirir sensación de poder, otros son evitadores de relaciones.

–         En otros casos pueden adoptar posiciones prematuramente adultas de protección a sus madres y hermanos/as (hasta los 10-12 años), pero a medida que crecen puede aumentar el desapego, embotamiento y bloqueo.

  • Adolescencia:

–         Pueden idear soluciones utópicas, presentar salidas en falso, etc.

–         Se abordan temáticas, como es la identidad personal, valores, conducta, etc, por lo que la vivencia del maltrato a su madre puede suponer un punto importante de desequilibrio en su desarrollo integral.

–         Puede hacer un fuerte sentimiento de desamparo al no poder salvar a las madres, con actitudes de responsabilidad excesiva en el hogar, de tal manera, que se interponen cuando el padre intenta golpearla, recibiendo ellos los golpes, e incluso llegando ellos mismos a agredir a sus padres.

–         Niveles bajos de autoestima, niveles altos de ansiedad ,depresión y problemas académicos.

–         Pueden adoptar cambios radicales de estilo de vida, se escapan mediante el sexo o delincuencia.

–          En ocasiones llegan al embotamiento emocional, frialdad e indiferencia.

  • Etapa adulta:

–         Con mayor frecuencia son adultos más ansiosos, con menos autoestima, mayor nivel de depresión, estrés y agresividad, además de una mayor tasa de consumo de drogas.

Los efectos de la vivencia de la violencia de género en los niñ@s son múltiples e impactan en distintas áreas su desarrollo, por lo que es importante hacer una evaluación exhaustiva de los mismos. Como ejemplo, me gustaría compartir con vosotros una canción de una adolescente víctima de violencia de género a su padre en la que muestra sus sentimientos.

Los efectos no desaparecen por arte de magia cuando la situación de violencia cesa. Estos niñ@s necesitarán ayuda para superar estas terribles consecuencias.

 

Cuando las relaciones perduran, por necesidad de amor, no por amor.

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Todos nos cuestionamos en algún momento la razón por la que una persona que queremos se aferra a una relación que la está destruyendo y que no la hace feliz. Esto no significa que todas las personas que continúen una relación a pesar de saber que no va a ningún sitio y que, por el camino a ninguna parte, están perdiendo su esencia, su amor propio y su tiempo, sean dependientes emocionales, pero, probablemente, se podrán sentir identificadas con alguna de estas características o miedos que caracterizan a las personas con dependencia emocional. Los datos indican que los pensamientos machistas sobre las relaciones siguen perduraron e incluso haciéndose más fuertes en las nuevas generaciones. Este es un tema que nos preocupa y queremos aportar nuestro granito de arena en la prevención y el tratamiento de este problema. Por ella, queremos dedicar algunos post a esta temática y compartir recursos para trabajar desde la educación.

La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. Es un continuo que empieza con la normalidad y termina con la patología, por lo tanto existen diferentes niveles de gravedad.

Dependencia emocional

  • Perfil de las personas dependientes emocionalmente

    Tendencia a la exclusividad en las relaciones.

    Las personas dependientes se aíslan voluntariamente de su entorno para dedicarse por entero a su pareja. Más que cariño hay necesidad hacia el otro e implica una cierta falta de construcción personal. La pareja se convierte en el centro de la existencia del individuo y todo lo demás queda al margen, incluyendo trabajo, familia o amigos. De conservar amistades suelen ser de uno a uno y para hablar sobre la pareja, que se convierte en el tema favorito de conversación.

    NECESIDAD EXCESIVA DEL OTRO Y DESEO DE ACCESO CONSTANTE A LA PERSONA.

    Se traduce en continuas llamadas, mensajes al móvil, aferramiento excesivo, deseo de hacer con ella cualquier actividad junto a la otra persona, sea de trabajo o de ocio, ser incapaz de hacer algo solo son sentir la necesidad de tener contacto con la pareja, etc.

    Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa.

    El dependiente emocional considera a su pareja como el centro de su existencia,pasando todo lo demás a un segundo plano.

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Dependencia emocional y violencia de género

Dependencia emocional

La violencia de género, desgraciadamente, sigue siendo un fenómeno de gran actualidad cuyas estadísticas siguen sorprendiendo por su magnitud. Es difícil agrupar en un mismo patrón a las personas que sufren malos tratos, al igual que resulta complicado proporcionar un perfil único de los maltratadores. Sin embargo, en ocasiones, encontramos ciertos patrones comunes en mujeres víctimas de violencia de género. .

Las víctimas  pueden ser personas que han tenido la desgracia de emparejarse con sujetos extraordinariamente agresivos, y no por ello tender hacia este tipo de individuos. Una vez entran en una dinámica de agresiones, posiblemente les cueste salir de ella tanto por su propia situación (dificultades económicas, aislamiento del entorno, etc.) como por las amenazas de su pareja, que lamentablemente resultan muy creíbles.

Violencia de género

Por otro lado, existe un determinado tipo de víctimas  que desconcierta a los profesionales y al resto de la gente en general. Este grupo no denuncia a sus agresores (y, en estas personas, este hecho no se debe al miedo), retira las denuncias, visita a sus parejas en la cárcel, incumple órdenes judiciales de alejamiento, etc. Lo más significativo es quE, habitualmente, afirman con rotundidad que continúan queriendo con locura a sus parejas. Y no solo eso, sino que una ruptura de una relación de este tipo vendrá seguramente acompañada de intentos desesperados de retomarla, o bien del inicio de una nueva relación de pareja de similar.

Dependencia emocional

Este comportamiento  paradójico puede ser explicado  por el concepto de dependencia emocional. La dependencia emocional es un trastorno de la personalidad que implica que la persona experimenta una necesidad afectiva extrema  hacia sus parejas. Su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente. De hecho, una de sus características es que no soportan la soledad.

La dependencia emocional implica:

  1. Necesidad afectiva extrema de su pareja.
  2. Consideración de la pareja como el centro de su vida y su única fuente de autoestima.
  3. Aceptación de los malos tratos como una estrategia para preservar la relación.
  4. Culpabilización por los sucesos negativos ocurridos durante la relación.
  5. Miedo terrible a la soledad…etc.

Dependencia emocional

Para finalizar, nos gustaría señalar que este post no pretender ofrecer una versión reduccionista sobre las causas de la violencia de género. La dependencia emocional es solo un factor a tener en cuenta a la hora de realizar la evaluación e intervención que mujeres víctimas de violencia de género, pero, existen otros muchos factores sociales y personales que intervienen en la perpetuación de este problema.

* RECURSOS: Cuento para trabajar la dependencia emocional “El príncipe que salió rana” 

Evaluación niñ@s afectados por VG: Consecuencias psicológicas

  • Trastorno de estrés postraumático

Una de las cuestiones que debemos comprobar cuando nos encontramos con un niñ@ víctima de la VG es si ha desarrollado un cuadro de trastorno de estrés postraumático (TEP). Las situaciones de violencia familiar de las que los/as menores son testigo, pueden dar lugar a situaciones traumáticas crónicas que desencadenan un cuadro de Trastorno de Estrés Postraumático. Tras el trauma se pierde el sentimiento de seguridad y de confianza en el mundo y en las personas que lo rodean.

Este hecho se agrava cuando el agresor es su propio padre y la violencia ocurre dentro de su propio hogar.  La experiencia temida se repite de forma intermitente a lo largo de muchos años, constituyendo una amenaza continua y muchas veces percibida como incontrolable.

La exposición crónica y severa a la VG es uno de los factores relacionados con el desarrollo del TEP de manera más consistente debido a los altos niveles de miedo, desamparo, impotencia y la percepción de que puede morir o ser gravemente herido. Para establecer el diagnóstico debemos comprobar que cumple los siguientes criterios:

Criterio de reexperimentación: Conductas y juegos repetitivos, sueños terroríficos, reescenificaciones del acontecimiento, recuerdos repetitivos.

Criterio de evitación:

– Disminución del interés por las actividades importantes y el embotamiento de sus sentimientos y afectos.

– Actitudes pesimistas relacionadas con indefensión y futuro ante la vida. La sensación de un futuro desolador puede traducirse en la creencia de que su vida no durará tanto como para llegar a adulto.

– También puede producirse la “elaboración de profecías”, es decir, la creencia en una especial capacidad para pronosticar futuros acontecimientos desagradables.

Criterio de activación: dolores de estómago, de cabeza, dificultades para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultades para concentrarse, hipervigilancia y respuestas exageradas de sobresalto.

  • Habilidades sociales

Otro aspecto importante que debemos evaluar son sus habilidades sociales. Estos niñ@s pueden tener escasas habilidades sociales. Su red social es débil (aislamiento). A veces, aparecen conductas agresivas o  desafiantes hacia sus compañeros. Pueden aparecer dificultades a la hora de relacionarse con los otros como consecuencia de su baja autoestima, su inseguridad y desconfianza hacia el entorno y la falta de empatía. Tienden a estar en los 2 polos en función del género (las niñas en el polo pasivo y los niños en el polo agresivo).

  • Resolución de problemas. 

Pueden manifestar escasas habilidades en la resolución de problemas.

Utilizar la agresión como medio para resolver los problemas.

Pueden negar la situación violenta o restar importancia.

Pueden aparecer: rabietas, consumo de sustancias, conductas autodestructivas.

Pueden utilizar diferentes estrategias como un medio para disminuir la estimulación aversiva:

a)    Bloqueo mental o desconexión emocional.

  • Insensibilidad ante las emociones o bloquean los pensamientos.
  • Desconectan del ruido y el caos, aprenden a no oírlo.

b)   Uso de la fantasía.

  • Planean la venganza de su agresor.
  • Fantasean con una vida más feliz, viviendo con otra familia. Desean ser rescatados por un súper héroe, la policía o un príncipe.

c)    Evitación física.

  • Irse a otra habitación. Abandonar la casa.
  • Buscan excusas para no ir a casa.

d)   Búsqueda de amor y aceptación en lugares erróneos.

  • Tienen relaciones sexuales para encontrar intimidad y cercanía.
  • Beben alcohol y/o usan drogas.
  • Se relacionan con ‘malas influencias’.

e)   Obtener un lugar (papel) a través del cuidado.

  • Protegen a los hermanos y hermanas del peligro.
  • Cuidan de su madre.

f)   Búsqueda de ayuda. Llamar la atención para conseguir ayuda.

  • Cuentan lo que pasa a alguien. Llaman a la policía.
  • Hacen actos temerarios o intentos de suicidio. Se autolesionan.

g)   Redirigir emociones hacia actividades positivas.

  • Hacen deporte, salen a correr, actividad física, etc.
  • Escriben, dibujan, teatro u otras actividades creativas.
  • Muestran excelentes resultados académicos

h)   Intentar controlar el comportamiento del agresor.

  • Creen ‘mamá ha sido mala’ o ‘yo he sido malo/a’ o bien ‘papá está estresado del trabajo’.
  • Piensan ‘yo puedo parar la violencia si cambio mi forma de comportarme’ o ‘puedo saber cuándo pasará la próxima agresión’. Intentan ser la niña o el niño perfecto.
  • Mienten para tapar alguna cosa mala (por ejemplo, malas notas en el colegio) para evitar situaciones de estrés en la familia.

Desmontando mitos sobre el impacto de la violencia de género en los niñ@s

“Para muchos, permanecer a salvo consiste en cerrar puertas y ventanas, y evitar los lugares peligrosos. Para otros no hay escapatoria, porque la amenaza de la violencia está detrás de esas puertas, oculta a los ojos de los demás.” (Gro Harlem Brundtland Directora General OMS). 

            Las mujeres y los niñ@s son las principales víctimas que sufren la violencia de género. La atención sobre las consecuencias que se derivan para sus hij@s es todavía escasa. La razón es que uno de los mitos adscritos a la violencia contra la mujer es que la conducta violenta del maltratador hacia su pareja no representa un riesgo relevante para los hij@s de esos hogares. Sin embargo, esta idea choca con la realidad, tanto el hecho de que los niños sean testigos de la violencia como el que, además, puedan ser víctimas de ella, conlleva toda una serie de repercusiones negativas tanto para su bienestar físico y psicológico como para su posterior desarrollo emocional y social. Así pues, a los hijos e hijas de las mujeres víctimas de la violencia de género los consideramos también víctimas. Las víctimas invisibles.

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  • ¿Por qué consideramos víctimas a estos niños?

            1) Los patrones de las alteraciones en los niños/as expuestos a violencia son superponibles al patrón descrito en los niños y niñas víctimas directas de abusos.

            2) La mayor parte de estos trastornos tienen su origen en la incapacidad de los progenitores –tanto el que desempeña el rol de víctima como el de agresor-, de satisfacer las necesidades biológicas, psicológicas y emocionales de los niños y niñas, razón por la que muchos expertos coinciden en señalar que las consecuencias son básicamente las mismas. La mujer como víctima padece una alta tasa de estrés, lo que puede originar:

            – Un proceso vincular con su hijo/a donde a su vez predomina el estrés.

            – Una serie de síntomas que puede llevar a una reducción en sus habilidades de manejo eficaz de los hijos/as.

            3) Los niños no son víctimas sólo porque sean testigos de la violencia entre sus padres, sino porque “viven en la violencia”, crecen creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre adultos. En muchas ocasiones, presencian la violencia entre sus padres y viven en un entorno de relaciones violentas y abuso de poder. Estos niños conforman su personalidad en función de la violencia y la toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada.

            4) Estos niños se convierten en “dobles víctimas” puesto que las dificultades en el entorno familiar, provocan desajustes también en:

– El entorno escolar: problemas de rendimiento académico, absentismo escolar, falta de motivación, atención y concentración.

– El entorno social por su déficit en habilidades sociales para interactuar tanto con adultos como con iguales.

Quiero compartir un microcuento con vosotros que creo que refleja esta realidad, se titula: INVISIBLE

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No dejemos que sean invisibles

Sara dormía aferrada a su oso de peluche. Él, la protegía del monstruo que, algunas noches, acechaba tras la puerta. Cerraba los ojos, se escondía debajo de la almohada, pero, a su cama llegaban los ecos de gritos y golpes. Al día siguiente, veía las marcas que el monstruo había dejado sobre su madre y podía sentir su miedo. Todos guardaban silencio y mantenían el secreto. Callaban para no despertar al monstruo, pensó. Soñaba que un día, un valiente príncipe, les rescataría, pero, no sabía, que el monstruo se escondía dentro del hombre al que llamaba papá.