¿Se puede aprender a hacer críticas de forma constructiva?

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La respuesta es que sí, solo hay que aprender algunas técnicas que nos permitirán hacerlo y ponerlas en práctica. Probablemente, al principio, cometeremos muchos errores, pero, finalmente, saldremos ganando si somos constantes. Los conflictos personales son inevitables, pero, podemos minimizar sus consecuencias negativas si sabemos como canalizarlos.

En muchas ocasiones cuando hay un conflicto personal, tendemos a usar palabras malsonantes, levantar el tono de voz o huir de la “pelea”. Estas acciones no ayudan a resolver el conflicto, sino que lo agravan.

Si subimos el tono de voz, posiblemente, dejaremos sordo al otro pero tal vez sólo capte nuestro tono de ira y no el mensaje. Si descalificamos a la otra persona, se elevará el clima de tensión y se sentirá atacado y poco dispuesto a escucharnos y llegar a un acuerdo. Si huimos de los conflictos, nunca expresaremos nuestras opiniones y no conseguiremos que los demás cambien conductas que nos molestan y que nos pueden llegar a hacer daño.

Un conflicto no tiene que ser algo negativo y “puede ser el principio de una larga amistad”. Si vemos el conflicto desde un punto de vista positivo, probablemente, veremos que es una oportunidad para compartir puntos de vista, para conocernos mejor y para llegar a acuerdos con las personas que nos rodean.

En ocasiones, estamos a la defensiva y partimos desde el punto de vista de que quien no está conmigo, está contra mí. Esto no es cierto, alguien nos puede querer “tal y como somos”, pero, puesto que todos cometemos errores es posible que no estén de acuerdo con todo lo que hacemos y decimos.

La idea que se plasma en este post, viene de una técnica que se desarrolla en el libro “Tratando la inestabilidad emocional” (Santiago López, 2006), que se denomina Técnica del grano. Es una técnica que puede ayudarnos a darnos cuenta de que cambiar los sacos que solemos lanzamos en una discusión y pueden derribar a nuestro oponente, por granos que son más manejables y que nos pueden llevar a un entendimiento es una buena opción.

Estoy segura de que casi todos podemos recordar momentos, en los que nos hemos dejado llevar por la ira y hemos dicho frases del tipo: “eres tonto”, “nunca haces nada a derechas”, “todo es culpa tuya”, “estoy harto de ti”, etc. Cuando utilizamos estas frases, estamos lanzando “sacos” y, además, al mostrar esta actitud de ira y agredir a la otra persona, estamos provocando que a su vez tome una actitud defensiva y responda de forma agresiva. Seguramente, la otra persona, nos devolverá “sacos” del tipo “tonto lo serás tú”, “tú sí que eres un inútil”, ”yo también estoy harta de tus historias”. De esta forma, entramos en una escalada de ira que no lleva a ninguna parte, lo que denominaríamos una “guerra de sacos”.

Si analizamos el contenido de las frases, veremos que ninguna de las partes ha expresado la causa de su malestar, por lo que no es posible iniciar una negociación y resolver el problema. Frente a esto, la propuesta es “abrir el saco y coger el grano”, esta es una autoinstrucción que nos podemos dar cuando nos encontremos en esta situación.

Los pasos básicos para expresar una queja serían:

  1. Buscar el momento adecuado.
  2. Valorar a la persona (abrir el saco).
  3. Expresar la verdadera causa del enfado (sacar el grano). Implica especificar la conducta concreta que se quiere negociar o que ha provocado el malestar. Por ejemplo, en lugar de decir “eres un egoísta y no me ayudas en nada”, tendrías que concretar más y pedir cambios de conducta, y utilizar frases como: “me gustaría que pasáramos más tiempo juntos y que me ayudarás más en las tareas del hogar”.
  4. Explicar cómo te gustaría que sucediese la próxima vez (buscar soluciones).
  5. Negociar acuerdos entre los diferentes puntos de vista.
  6. Mantener una buena relación y continuar con una conversación agradable.

Si expresamos nuestra queja de forma adecuada, daremos un paso importante para resolver el conflicto. De este modo, dejaremos el camino abierto para que la otra persona escuche nuestra propuesta, evitaremos la guerra de sacos y habremos dado el primer paso para llegar a un acuerdo.

Referencia bibliográfica:

Santiago López, S. (2006). Tratando la inestabilidad emocional. Madrid: Pirámide.

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Resolviendo conflictos con soluciones en las que nadie pierde

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Cuando nos encontramos ante un conflicto con nuestros hijos, podemos afrontarlo de diferentes maneras. Según como afrontemos este momento, las consecuencias serán diferentes. Ante un conflicto con nuestros hijos, podemos buscar tres tipos de soluciones:

1) Que ganen los padres y pierdan los hijos para no perder autoridad. Los padres actúan de forma autoritaria, imponiendo las normas y solucionando de forma unilateral los conflictos.

2) Que ganen los hijos y pierdan los padres por miedo al conflicto. Los padres proporcionan satisfacción siempre a sus hijos para evitar tener conflictos con ellos.

3) Que nadie pierda. Se buscan soluciones que respeten las necesidades de ambos. Debemos descartar la idea de que somos adultos y conocemos siempre la respuesta justa y acertada. Implica aceptar y escuchar las opiniones de nuestros hijos y colaborar para encontrar una solución gano-ganas que satisfaga a ambas partes.

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Con el método “nadie pierde” los conflictos se resuelven sin que nadie gane ni pierda. Se utiliza el diálogo y la negociación. Nadie gana, porque la solución debe ser aceptada por las dos partes.

Antes de empezar el proceso, hay que verificar que uno está calmado y comprobar el talante de tu hijo: ¿Crees que es un buen momento para que hablemos? Posteriormente, debemos seguir los siguientes pasos:

1. Identificación y definición del conflicto.

  • Hablar de los sentimientos y las necesidades del niño. Imagino que estarás pensando… Me gustaría saber qué es lo que opinas de todo esto.
  • Hablar de nuestros sentimientos y necesidades. Desde mi punto de vista…

2. Generación de alternativas posibles de solución.

  • Dejar que el niño aporte las primeras ideas.
  • Cualquier propuesta deberá será acogida. “Apuntaremos todas nuestras ideas sin evaluarlas”.

3. Evaluación de las alternativas. Decidir qué sugerencias nos gustan, qué sugerencias son desechables, y cuáles pensamos seguir en el futuro.

  • Evitar declaraciones absolutistas: Eso es una tontería….
  • Describir reacciones personales: No me sentiría cómodo en esa situación.

4. Decidir qué solución es la mejor. Decidir qué ideas les gustan, qué ideas son inviables y cuáles quieren poner en vigor.

5. Creación de las formas de cumplimiento de la solución. Pasar a la acción:

  • ¿Qué pasos debemos dar para poner este plan en ejecución?
  • ¿Quién se encargará de…?
  • ¿Cuándo lo pondremos en marcha?

Ventajas:

A. El niño está motivado para encontrar la solución y siente que se valora su opinión.

B. Se basa en el diálogo y no en la imposición. Conlleva menos oposición.

C. Existen más posibilidades de encontrar soluciones adecuadas.

D. Desarrollo la capacidad de pensamiento de los niños.

El acuerdo se puede realizar por escrito y poner en un lugar visible si es necesario. También es importante en algunos casos, establecer las consecuencias si alguna de las partes rompe el “pacto”.

Referencia bibliográfica:

Faber, A. y Mazlish, E. (2002). Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Medici.

La lateralidad como pilar para otros aprendizajes

descarga (10)La lateralidad es un predominio motor relacionado con las partes del cuerpo, que integran sus mitades derecha e izquierda como la consecuencia de la distribución de funciones que se establece entre los dos hemisferios cerebrales. Una lateralidad bien establecida es un factor facilitador de los diferentes aprendizajes.

La adquisición de la lateralidad empieza a adquirir importancia cuando los niños de 4-5 años comienzan el aprendizaje de la lectoescritura, puesto que se van a encontrar con unos símbolos (letras y números) cuyas coordenadas espaciales y temporales van a marcar su significado. Aunque no existe una relación causa efecto entre la presencia de una lateralidad no homogénea y la de trastornos del aprendizaje. Es importante evaluar la lateralidad como un factor de riesgo añadido.

El problema no es ser diestro o zurdo sino que las diferentes dominancias estén organizadas en el mismo lado, especialmente en lo que se refiere a la mano, ojo y pie.

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* EJERCICIOS PARA TRABAJAR LA LATERALIDAD

 Derecha – Izquierda

  • Edad : De 5 a 7 años
  • Materiales: Ninguno.
  • Desarrollo: Cuando el profesor dice “derecha” los alumnos levantan la mano derecha. Cuando dice “izquierda”, levantan la izquierda. Cambios rápidos y repeticiones.
  • Variante: El mismo juego pero con los pies.

 Pera – plátano

  • Edad : De 5 a 7 años
  • Materiales: Ninguno.
  • Organización inicial: Sentados en el suelo.
  • Desarrollo: Deben imaginarse que tienen una pera en la mano derecha y un plátano en la mano izquierda. Cuando el profesor dice “pera”, se han de llevar la mano derecha a la boca, cuando dice “plátano”, se llevan la izquierda. Cambios rápidos y repeticiones.

 Cambio de sentido

  • Edad: A partir de 5 años
  • Materiales: Ninguno.
  • Organización inicial: En corro y cogidos de la mano. El profesor en el centro.
  • Desarrollo: Cuando el profesor levanta la mano derecha, el corro gira hacia la derecha. Cuando levanta la mano izquierda, gira hacia la izquierda. Cambios rápidos para que el corro se rompa.

  Marchar sentados

  • Edad: A partir de 5 años
  • Materiales: Ninguno.
  • Organización inicial: Uno detrás de otro, formando un corro, muy juntos.
  • Desarrollo: A la señal, todos se sientan en las rodillas de su compañero de atrás y empiezan a caminar al ritmo marcado por el profesor: derecha, izquierda, derecha…

 Otros ejercicios:

  • Hacer movimientos oculares de izquierda a derecha.
  • Ejercicios unilaterales: con la mano derecha topar su pie derecho.
  • Ejercicios simultáneos: con su mano izquierda topar su ojo derecho.
  • Ejercicios con el brazo izquierdo y derecho: arriba, lateral, derecha.
  • Lectura de carteles de imágenes: el niño debe identificar los dibujos del cartel, siempre de izquierda a derecha, esta misma actividad puede realizarse con colores.
  • Dictado de dibujos: el maestro pedirá dibujar figuras geométricas, controlando que el niño realice esto de izquierda a derecha.
  • Trazar de líneas horizontales, verticales y con cambios de dirección.
  • Hacer dibujos simultáneos: utilizando dos hojas de papel el niño hará círculos simultáneos en las dos hojas y con las dos manos.

* RECURSOS PARA TRABAJAR LA LATERALIDAD

Pautas para trabajar la psicomotricidad infantil

descarga (9)La psicomotricidad es la disciplina que estudia la motricidad humana en su naturaleza dinámica, significativa e integradora y en sus funciones adaptativa, expresiva, relacional, comunicativa y cognitiva.

La intervención psicomotriz es un conjunto de acciones intencionadas e intencionales que realizamos a partir y a través del movimiento para promover el desarrollo armónico de la persona, la integración de sus funciones y el acceso y sostén de la comunicación base de socialización.

La intervención psicomotriz, en el marco educativo, pretende incidir en tres grandes áreas acompañando al niño en:

a) Construcción de la conciencia corporal.

b) Desarrollo de sus capacidades de orientación, organización y estructuración del espacio y del tiempo.

c) Desarrollo de sus habilidades motrices. El objetivo es que el niño pase de unas formas de movimientos básicamente orgánicas e impulsivas organizadas alrededor de fenómenos biológicos y neurológicos concretos, como en los primeros años de vida, a formas de movimiento integrador organizado alrededor de los tres grandes ejes del desarrollo:

1. Madurativo.
– Imitación de movimientos y posturas.
– Marcha, carrera, salto, trepar, cambios posturales, equilibrios…piramide[1]

2. Psicoafectivo.
– Construcción de la imagen corporal.
– Vivencia afectiva del espacio y del tiempo.
– Juego simbólico.

3. Social.
– Juego en parejas o en pequeños grupos.
– Puesta en común verbal…

La intervención psicomotriz debe precisarse teniendo en cuenta su finalidad, sus medios y sus instrumentos, factores estos que delimitan la intencionalidad educativa que queremos darle.

El proyecto de intervención se organiza alrededor de dos grandes ejes:

1) Las sesiones partirán de una propuesta general abierta que enmarcará la actividad y que incidirá en las tres grandes áreas de intervención de psicomotricidad. El juego que surge en el marco de esta propuesta global ofrece la oportunidad de manifestarse espontáneamente eligiendo la actividad, los compañeros y el material disponible preferido sin demasiadas restricciones.

2) En función de la finalidad del proyecto la propuesta general de cada sesión se irá reformulando durante la sesión con la “condición” que acotará la actividad del niño poniéndolo especialmente en relación con el “otro”. La “condición” es el elemento que permite profundizar en la educación de valores. Su introducción ofrece la posibilidad de construirse a través de la relación con el otro, de identificar y vivir por una parte los límites que toda relación conlleva y por otro el enriquecimiento que supone “poner en juego” actitudes y valores.

La relación que debe crearse entre el psicomotricista y el niño debe mantener una doble característica. Por una parte, debe ser una relación asimétrica en la que el psicomotricista deviene una imagen de orden, seguridad y autoridad que enmarca las sesiones y señala los límites y referencias de las actividades y por otra parte, debe poder compaginar la primera con una relación simétrica persona – persona cara a cara siendo un compañero real de juego para el niño.

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El papel del psicomotricista debe concretarse en:

a) Momentos de observación en la dinámica del curso.

b) Momentos de reconocimiento y valoración de la actividad y producciones de los niños acercándonos a sus espacio de juego, mirándolos con admiración, haciéndoles algún comentario y poniendo palabras a sus acciones…

c) Momentos, de acuerdo con lo observado de intervención dirigida a situaciones o niños concretos de acuerdo con el proyecto de intervención grupal o individual.

Referencia bibliográfica:

Franc Batlle, N. (2001). La intervención psicomotriz en educación. Revista Iberoamericana de Psicomotricidad y Técnicas Corporales, (1), 5-18. Obtenido el 20 de abril de 2011, de http://www.iberopsicomot.net/2001/num1/1articulo1.pdf

* Artículos, guías y recursos para trabajar la psicomotricidad infantil. 

Cómo lidiar con los celos infantiles

descarga (8)Los celos son un estadio relativamente normal que hay que superar y no tienen importancia sin son circunstanciales y pasajeros, pero hemos de prestarles atención cuando alteren la convivencia y el desarrollo normal del niño o sean persistentes y no remitan pasados los cinco años de edad. Si se perpetúan pueden conducir a un desajuste en las relaciones interpersonales. Frente a este problema existen distintas líneas de intervención:

1) Prevención: Es el medio más sencillo, natural y eficaz de evitar la reacción celosa.

2) Fortalecer la autoconfianza del niño, así como el sentimiento de seguridad personal evitando hábitos de comparar afectos, pertenencias, capacidades.

3) Educación de la afectividad basada en la cooperación, la confianza en los demás, el altruismo y en una visión positiva de las relaciones humanas y ofreciendo modelos familiares consecuentes.

4) Modificación de conducta: reforzando conductas positivas e incompatibles con la reacción de celos e ignorando las inadecuadas.

5) Reatribución cognitiva: Ayudar a discriminar y comprender las verdaderas causas de los problemas y de los éxitos, de los afectos y las reprimendas. Esto se consigue con técnicas específicas pero también a través del diálogo razonado y de la coherencia de nuestras actuaciones.

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¿Qué conductas acompañan a los celos?

  • Mi hijo me desobedece. El niño celoso, se muestra desobediente para fastidiar a los padres y obtener su atención.
  • Mi hijo reclama mi atención. Es común que el niño celoso interrumpa y se muestre alborotado cuando está atendiendo al niño pequeño. Las formas más habituales de reclamar atención son: revolotear alrededor de la madre, interrumpir constantemente la actividad de los padres o hacer alguna trastada.
  • Mi hijo se muestra más retraído. El niño se muestra inseguro y temeroso, motivo por el cual se refugia en su mundo, donde se encuentra cómodo, reguardado y seguro.
  • Mi hijo siempre llora. El incremento del llanto y de las rabietas es una forma de presionar a los padres y reclamar su atención.
  • Mi hijo come y duerme mal.
  • Mi hijo molesta a su hermano.
  • Mi hijo pega a su hermano. Normalmente, lo hacen para llamar la atención de sus padres.
  • Mi hijo parece un bebé. Este comportamiento responde a una imitación que hace el hermano mayor del pequeño, pensando que de esta forma logrará la atención y el cariño de sus padres.

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Los padres no deben sentirse necesariamente culpables del comportamiento celoso de sus hijos. Deben preocuparse más de prevenir o encauzar estos comportamientos. Ante un niño celoso, los padres no pueden adoptar una actitud demasiado permisiva ni excesivamente represora. No corregir la conducta celosa, supone que enseñan al hijo que ciertos sentimientos de envidia y de odio pueden estar justificados o que compararse con los demás es lo normal. Pero una atención desmedida, puede contribuir a prolongar una conducta sin importancia.

Los padres deben tratar de implantar en los hijos actitudes más cooperativas y menos competitivas. La formación de actitudes cooperativas en los hijos pasa por educarles en la solidaridad y el altruismo. Desde pequeños deben aprender a ser generosos, a compartir aquello que tienen. Esto hacemos cuando les enseñamos a prestar sus cosas, a colaborar, a responsabilizarse y cumplir con el encargo que se le ha hecho y del que probablemente depende el bienestar de los que le rodean. Otras actividades que no deben faltar consisten en solicitar y conseguir algún pequeño favor para el hermano más pequeño; ayudarle en las pequeñas dificultades que pueda tener; enseñarle a solucionar los problemas que se le presentan de manera que sea él mismo, a través de la ayuda que recibe, el que los resuelve, etc.

También debe aprender a escuchar, conocer los proyectos y juegos de los otros y colaborar con ellos, tolerar otras peculiaridades y aficiones aunque sean muy innovadoras o discrepantes de las que para él son usuales, es decir, desarrollar el gusto por todo lo que sea instructivo y ayude a la convivencia y al respeto por un sano pluralismo.

Todas las anteriores son actitudes cooperativas en las que es necesario educar a los hijos, no importa la edad que tengan con tal de que el contenido de las actividades que aprenden se ajuste a su edad.

Algunas pautas útiles:

  • Jugando a recordar anécdotas familiares. Los niños celosos suelen pensar que no son apreciados por sus padres. Para cambiar estas convicciones los padres deben gastar mucho tiempo, haciendo excursiones con ellos, estando a su lado tratando de escucharles o participar con ellos en los hobbies que tengan. En otras ocasiones bastará con que los padres recuerden a sus hijos celosos lo bien que se sentían de pequeños cuando ellos les sonreían, jugaban o les ayudaban a resolver sus pequeños conflictos y dificultades.
  • La educación en la afectividad. Para educar en la afectividad no basta con manifestar el afecto de la misma forma que para la educación de los hijos en la música, en el deporte, etc., no basta con que los padres manifiesten sus habilidades musicales, deportivas, etc. Si el afecto se entiende como un bien escaso y limitado, por el que es preciso competir para alcanzar la parte deseada, no es extraño que el niño desarrolle una especial capacidad hacia la contabilidad afectiva, vigilando las dosis que reciben cada uno de sus hermanos. La educación afectiva del niño celoso debe ser abierta, de manera que se le pueda mostrar una pluralidad de valores. De esta forma, comprenderá que si él se siente superior en esto o aquello en relación con su hermano, este en cambio es muy superior a él en otras cualidades diferentes. De otro lado, la pluralidad de valores amplía el horizonte educativo y motivacional del niño.
  • No hacer comparaciones
  • Prestar atención al mayor y hacer que lo hagan los demás. Dedicad al día un tiempo exclusivo para el niño, de 10 – 15 minutos. El niño puede esperar este tiempo y confiar en él.
  • Reforzar los comportamientos que implican cooperación, afecto, cuidado, etc. El refuerzo debe ser inmediato y adecuado al comportamiento que se está reforzando.
  • No “pasarle” todo al pequeño. Muchas veces el pequeño se aprovecha. Puede molestar al mayor destruyendo sus realizaciones y este reaccionar con violencia. No reprender muy fuertemente al mayor, no consolar mimosamente al pequeño, reñir al pequeño suavemente para que sea más cuidadoso y ayudar al mayor a rehacer su construcción.
  • No hacer caso a las conductas celotípicas. Primero, se aplica la extinción a este tipo de conductas para, posteriormente, reforzar los comportamientos incompatibles.
  • Juego. Involucrar a los hijos en actividades lúdicas que supongan interacción en el sentido de cooperación, respeto y tolerancia. Deberá supervisarlos un adulto para resolver las fricciones que puedan surgir. La finalidad es enseñar a los niños a ejercitar habilidades y resolver conflictos que suelen surgir en la relación fraterna.
  • Enfatizar las ventajas de ser mayor. Mostrar la variedad de experiencias que ofrece la edad en relación al pequeño.

Referencias:

Excmo. Ayuntamiento de Priego de Córdoba (s.f.). Orientaciones sobre los celos infantiles. Obtenido el 8 de abril de 2010, de http://www.aytopriegodecordoba.es/Escuela_Padres/PE_Ninos_celos_infantiles.pdf?raiz=Priego-Educa

Ortigosa, J.M. (2002). Mi hijo tiene celos. Madrid: Pirámide.

* Recursos sobre los celos infantiles